/UN ÁRBOL, UN HIJO, …

UN ÁRBOL, UN HIJO, …

    “Siempre hay un momento en la infancia cuando la puerta se abre y deja entrar al futuro”(Graham Greene).

 

Cuando plantas una semilla sueñas con que se convierta en el mejor árbol del mundo. Buscas el mejor sitio del jardín y ya comienzas a imaginar cómo va a ser cuando crezca: la sombra que te va dar, la compota que vas a hacer con las manzanas que produzca, lo lustrosas que se verán sus hojas y el tronco tan robusto que va a tener. ¡Qué alto llegará!!

Y comienzas a cuidarle. Y tratas de ayudarle de mil maneras y siempre con tu mejor voluntad. Cuidas de que le dé el sol necesario, ni más ni menos. Que tenga el abono preciso en las épocas recomendadas, tanto en cantidad como en calidad: debe ser el indicado para el árbol que has plantado. Estás pendiente de que tenga el agua precisa en función del clima y la época del año en la que estés. Cuidas darle una adecuada poda que le permita crecer, también te ocupas de que tenga un buen sustrato y que sus raíces respiren bien y tengan espacio para crecer y expandirse.

Y esperas, con paciencia e ilusión.

A veces te tocará ocuparte de algún bichito que le veas a las hojas o al tronco para que no se convierta en una plaga. Verás con disfrute cómo empieza a crecer y cómo le salen sus primeros brotes. Algo que siempre recordarás son las primeras flores que le brotan: blancas, limpias…Cuando ves alguna abeja posada en las flores recuerdas la gran labor que hacen y cómo ayudan a tu árbol.

Tu árbol sigue creciendo, ya empieza a tener forma de árbol y llega un momento en que ves a los pájaros posarse en sus ramas y construir nidos. A veces te sientas en el jardín sólo para contemplarlo. Entonces recuerdas con una mezcla de orgullo y cariño cómo era de pequeño cuando empezó a crecer y adviertes y observas con orgullo en el árbol tan grande en el que se ha convertido.

Y tu árbol sigue su proceso, crece y crece. Y un año te da naranjas. Pero, tú querías un manzano, ¡un manzano verde!! Pero el árbol que tienes en el jardín da naranjas, de las naranjas comunes, no de una variedad exótica, no: de las que llevas comiendo toda la vida, naranjas corrientes.

Y empieza un proceso en el que tienes 2 opciones: querer a tu árbol tal como es y aceptar que es un precioso naranjo, o talarlo, regalarlo o deshacerte de él de algún modo.

Pero, le has cogido cariño. Y queda tan bien en el jardín….

Dice el dicho que a lo largo de su vida uno debe plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.

Pues bien, un niño es como un árbol o mejor dicho un futuro árbol, un árbol en potencia. La clase de árbol que llegue a ser depende de su semilla, del riego, la tierra donde esté asentado, el abono que se le ponga y de los agentes externos que le puedan afectar. Al igual que al árbol.

Puede que tú quieras que tu hijo sea el próximo Steve Jobs, que invente el negocio del futuro, la cura contra el cáncer o que sea el máximo goleador de la selección.

Pero la realidad es que las semillas que sembramos cuando tenemos un hijo en parte son como jugar a la lotería, no sabes si el cupón que tienes será el premiado hasta pasado un tiempo.

Cuando nace tu hijo te construyes castillos en el aire y le imaginas de mayor como una gran empresaria, un cocinero famoso, una profesora de Harvard, un gran padre o cualquier otra imagen que haya venido a tu mente en este momento. ¿Recuerdas con qué soñabas tú?

Los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro” (John Fitzgerald Kennedy).

Pero, como dice la frase anterior, era tu sueño, y la semilla tiene vida, su propia vida. Y sus propios sueños. Y cuando crece se ve influenciada por ti y por tus expectativas, pero si es un naranjo, por más que lo desees, nunca podrá dar manzanas verdes. No está en su naturaleza.

Y, como al árbol, tu labor como madre o padre es ayudarle y acompañarle, para que llegue a convertirse en una gran persona, en la mejor versión de sí mismo de todas por las que puede optar.

Recuerden, seremos nosotros los niños de hoy quienes haremos del mundo futuro un lugar mejor y más feliz” (Michael Jackson).

Y para eso es realmente importante que diferencies tu sueño de su realidad. Y le ayudes en esa realidad. Que le escuches, le acompañes, le apoyes y le ayudes lo mejor que puedas.

Y cuando llegue su momento y tenga que decidir qué va a ser de mayor, qué va a estudiar, tú estés allí para ayudarle a elegir desde lo que para él es lo mejor. Si es un naranjo, busca el mejor abono para naranjos, busca las podas y todos los cuidados que va a necesitar.

Al fin y al cabo con tu ayuda podrá ser mucho mejor naranjo, más alto y robusto que si quiere complacerte y trata de convertirse en un manzano verde, avergonzándose de ser un naranjo.

Siempre le ayudará escuchar: ¡Te quiero tal y como eres!

“En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños” (Mirko Badiale).