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PIGMALIÓN Y SUS EFECTOS

“Cuando las expectativas de uno se reducen a cero, uno aprecia realmente todo lo que tiene” Stephen Hawking

El doctor Robert Rosenthal ha sido un prestigioso profesor de la Universidad de Harvard. Sus investigaciones y sus descubrimientos a lo largo de su carrera le han otorgado numerosos premios.

Años atrás llevó a cabo uno de sus experimentos más conocidos junto con el investigador Lenore Jacobson. Lo hizo en una escuela de la Bahía de Francisco. Primero habló con el director del centro, luego con los profesores y después hicieron varias pruebas de cociente intelectual a los alumnos, el llamado “Test de Harvard de Adquisición Conjugada”.

Una vez analizados los resultados, el director convocó a 3 profesores y les informó que, debido a su excelencia, habían sido seleccionados para liderar 3 grupos con los alumnos más inteligentes de la escuela. Cada uno tendría a su cargo 30 alumnos que habían demostrado tener el mayor coeficiente intelectual de la escuela. Según les indicó el grupo de psicólogos, querían demostrar que, uniendo a los mejores profesores con los mejores alumnos, los resultados académicos de estos alumnos mejorarían entre un 20% y un 30%, según sus cálculos iniciales.

El director del experimento, el doctor Robert Rosenthal, sólo les puso una condición: no podía comunicarle a ninguno de los alumnos ni a sus padres nada del experimento. Les pidió absoluta discreción para no interferir en los resultados del experimento.

El curso se desarrolló casi con total normalidad y cuando finalizó los resultados fueron asombrosos: los 90 alumnos habían obtenido un incremento muy superior al esperado inicialmente: no sólo eran los mejores de la escuela sino que habían sido catalogados como los mejores de todo el distrito federal.

El director convocó de nuevo a los profesores y junto al equipo de investigadores les comunicó las buenas noticias y les felicitó. Los profesores manifestaron que con alumnos tan inteligentes les había resultado muy fácil.

El director del experimento les informó que en realidad los alumnos habían sido escogidos al azar, no les habían seleccionado por su nivel de inteligencia.

Los profesores se miraron entre sí, y preguntaron si era por su excelencia por lo que habían logrado obtener lo mejor de los alumnos.

De nuevo el investigador les aclaró que sus nombres fueron elegidos por azar: pusieron los nombres de todos los profesores de la escuela en un sombrero y los suyos fueron los 3 que primero salieron.

El doctor Robert Rosenthal les explicó entonces que habían formado parte de un experimento de la categoría “doble ciego”, en el que hasta los propios investigadores sólo saben quién forma parte del grupo experimental y quién está en el grupo de control al finalizar dicho experimento.

En este caso querían demostrar la influencia de las expectativas de un profesor sobre sus alumnos.

En este experimento no se trataba de profesores noveles, tenían muchos años de experiencia. Y era la primera vez que sus alumnos, todos los de su clase, obtenían unos resultados tan asombrosos.

Con ello demostraron que la expectativa elevada de los profesores logró aumentar la inteligencia de sus alumnos y sus resultados.

Lo llamó el efecto Pigmalión.

Este experimento tuvo lugar años atrás, en 1966, pero hoy día sigue vigente.

Ya han dado las notas del primer trimestre, ¿cuántas coinciden con las expectativas que tenían esos profesores tras la primera o la segunda semana de colegio?

Si el profesor coincide con alumnos que ya tuvo el curso anterior es muy probable que los haya catalogado de una manera concreta. Y ellos responden a esa manera.

Curiosamente el comportamiento y la actitud de los alumnos se corresponde con esos prejuicios, pronósticos, anhelos o previsiones del profesor.

Cuando un profesor cree que sus alumnos vienen sin la base necesaria, que son alumnos medios, de 6, o que no les interesa la asignatura, que sólo van a incordiar en clase; las expectativas también se cumplirán.

Lo mismo nos ocurre a los padres: si a tu hijo le dices que todo lo que quiera lograr lo alcanzará, un día te sorprenderás viéndole hacer algo extraordinario, muy por encima de sus posibilidades y repitiendo: “yo puedo”, “yo puedo”.

Si tú le dice que no estudia nada, que va a suspender, que es un vago… adivina qué ocurrirá.

Y eso mismo te ocurre a ti. Es la llamada profecía autocumplida: lo que esperes de ti lo obtendrás.

Nuestro papel como padres y profesores es ayudarles a sacar lo mejor de sí mismos.

Como dice Howard Gardner, en lugar de preguntarnos ¿cuál es el nivel de inteligencia de tu hijo/alumno? Debes empezar a preguntarte ¿de qué manera es inteligente tu hijo/alumno?

“Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, en ambos casos estás en lo cierto” Henry Ford