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Identificando mis talentos

Estamos acostumbrados a ver los defectos que tenemos y los aspectos de nosotros que tenemos que mejorar.
Desde bien pequeños, cuando nos dan un examen corregido, lo que más predomina es aquello en lo que hemos fallado; en color rojo, destacando sobre el resto del texto, aparecen los fallos.
Incluso cuando sacas una nota de 9,75 lo que más sobresale del examen que te entregan son aquellos aspectos en los que te has equivocado, los que no has contestado bien, es decir, lo que te ha salido mal.
Yendo un poco más allá, te das cuenta de que cuando te extiendes dando respuesta a las preguntas del examen y no sólo respondes con un sí o un no, o de la manera más breve posible, normalmente o pasa desapercibido o se destaca poco. Sobre todo, si es habitual que lo hagas. Se da por sentado. Al igual que ocurre cuando tienes la presentación perfecta o cuando demuestras que has estudiado más allá de lo que pone el libro de texto, investigando y ampliando conocimientos por tu cuenta. Sólo estamos acostumbrados a que destaquen nuestros errores.

Sales del colegio y ocurre lo mismo. Cuando nos dan las notas nuestros padres suelen fijarse en aquellas notas que hemos sacado más bajas. Para ser más exactos, lo primero en lo que se suelen fijar es en las asignaturas que hemos suspendido y después en las que peores notas hemos sacado. Sólo ponemos hincapié en lo que hay que mejorar.
Y si una asignatura se te da bien, te gusta y siempre sacas buenas notas en ella, tus padres lo dan por hecho, consideran que es tu obligación. No lo valoran tanto.
Por ejemplo, imagina a Rafa Nadal llegando con las notas a su casa: sobresaliente o matrícula en deporte y un aprobado en inglés. Si tuvieran que ponerle un profesor particular, ¿en qué asignatura crees que se lo pondrían?

Con este comportamiento logramos algunas cosas: lo primero es estar siempre fijándonos en los errores que hemos cometido. Y eso lo trasladamos a otros ámbitos, con la familia, los amigos…. e incluso con nosotros mismos a la hora de valorar nuestro comportamiento.

Lo segundo es que nos dé miedo tener errores. De este modo calificamos cometer errores como algo malo. Y así nos centramos en No tener ningún fallo, ningún error.
Tener algún fallo nos hace sentirnos muy mal, cuando menos torpes. Nos crea un sentimiento de fracaso que, muchas veces, nos avergüenza. En lugar de compartir con otros el fallo que hemos tenido y de este modo abrir la posibilidad a que los demás nos digan la causa del error y cómo solucionarlo, lo ocultamos.

Otra consecuencia, esta indirecta, es que también nos fijamos en los fallos que cometen los demás y convertimos sus fallos en experiencias desagradables. Llegamos incluso a hacernos una idea de una persona basándonos únicamente en sus errores, o en uno concreto.

Por último, al poner nuestra atención en nuestros fallos, nos perdemos muchas de las cosas maravillosas que suceden a nuestro alrededor. Hace un tiempo un profesor hizo un experimento para enseñárselo a sus alumnos. Cuando llegó a clase les dijo que ese día iban a hacer un ejercicio especial, les pidió que cerrasen los libros, y sacaran únicamente un bolígrafo. Les entregó una hoja de papel que no podían voltear hasta que él lo dijera. Ya podéis, les dijo. Los alumnos vieron una hoja en blanco, sólo tenía un punto en el centro. El ejercicio era sencillo: tenían 2 minutos para escribir lo que había en la hoja. Pasados los 2 minutos el profesor les recogió las hojas y leyó algunos comentarios. Todos hablaban del punto negro. Nadie habló del resto del espacio de la hoja en blanco.

¿Qué conseguimos con esta actitud?

De este modo vemos los errores y los fallos como algo malo, Como algo que tenemos que evitar. Así cerramos la puerta a intentar cosas nuevas, a arriesgarnos. Por el miedo a equivocarnos nos cerramos a nuevas experiencias, a nuevos aprendizajes, nos anclamos en nuestra zona de comodidad y no sacamos ni un pie fuera de ahí.
Otra consecuencia es que nunca estamos satisfechos por las cosas que logramos. Por mucho que hagamos siempre nos vamos a fijar en las cosas que no nos han salido tal y como queríamos o en aquellas otras que cambiaríamos para hacerlas mejor.
Nunca estaremos a gusto con lo que hacemos.

Esta es la principal razón por la que no identificamos nuestros talentos.
Para entenderlo de otro modo, en YourBestYou hemos traducido una fábula, un cuento que nos relata este aspecto con detalle. Aquí te dejo el enlace: